Miserable empleado del mes

miércoles 4 de diciembre, 2013

La noticia salió publicada hace unas semanas... y como es natural pasó completamente desapercibida entre el marasmo de bárcenas, urdangarines, ugetés andaluzas, excarcelaciones de asesinos y demás temas de “amable” actualidad con los que se nos está castigando a los españolitos desde hace meses. Y pese a no tener tanto calado político no deja de ser tan sangrante y vergonzosa como las anteriores...

Como a todos me entristece vivir en un país de pandereta.
En un país en que una analfabeta funcional como Belén Esteban “escribe” un libro... y la gente hace cola durante horas para que se lo firme.
En un país en que la hija del Rey es propietaria del 50% de una sociedad tapadera... y se va de rositas... y un país en el que “solidarios” sindicalistas encargan, con el dinero de todos, copias de bolsos a los chinos y colocan al erario público facturas de mariscadas como si fueran “cursillos”.
En fin... ¡hay tantas cosas absurdas de las que avergonzarse últimamente en esta España nuestra!
Déjenme que les cuente otra más... mucho menos mediática... pero igual de ofensiva e igual de significativa de hasta qué punto la podredumbre moral se ha instalado hasta en los últimos rincones de eso que llamamos “Estado”.

Verán... resulta que un grupo de Guardias Civiles ha protestado contra un sistema interno de valoración profesional -que influye en su escalafón y en su sueldo- que consideran injusto y contrario al espíritu de servicio que para la Benemérica es casi sagrado.
Para la Asociación Unificada de la Guardia Civil es vergonzoso que el Régimen de Actividad Individual y el Régimen de Actividad de Unidad -los informes laborales del día a día de cada agente y de cada agrupación - se orienten descaradamente hacia la recaudación y no hacia el servicio y la prevención.  
La razón no es baladí: a un Guardia Civil de Tráfico se le puntúa internamente ocho veces más por multar que por auxiliar a un ciudadano en la carretera.
Sí, han leído bien: en los actuales baremos, se valora más y mejor al guardia que multa que al que asiste.

Escandalícense amigos lectores y tengan miedo, mucho miedo... porque por auxiliar a un conductor un agente recibe 0'25 puntos mientras que simplemente por multarlo es premiado con 2 puntos.
¡¡¡8 veces más!!! ¡¡¡Una multa se valora 8 veces más que un auxílio!!!
De hecho la cosa es tan ruín que ese miserable 0'25 que se apunta en el baremo de un guardia civil por ayudar a un conductor valora exactamente igual al agente ha tenido que jugarse la vida metiéndose en un coche ardiendo que al que se ha limitado a informar de una dirección.
Repito: el criterio por el que se valora la eficacia de un servicio es el de la rentabilidad y no el del servicio al ciudadano.
No lo digo yo, subversivo plumilla. Lo dicen los propios Guardias Civiles.
Y que quede muy claro que para nada hago responsables de esta insensatez a los propios guardias que, lejos de ser los culpables, son víctimas por partida doble.
Porque eso los degrada de policías a vulgares recaudadores y porque si no siguen el juego y su estadística no resulta suficientemente “rentable” pueden llegar a perder 200 euros de su salario.

A lo largo de mi vida profesional en esto del motor he sido testigo docenas de veces de la entrega y abnegación de esta gente, de la que sólo puedo hablar con cariño y respeto... aunque también a mi me hayan regalado una estampita en alguna ocasión. Estoy seguro, por tanto, que aquellos Guardias Civiles que lo son por vocación e ingresaron en el cuerpo con una honesta intención de servicio deben sentirse francamente frustrados.
Permítaseme una sugerencia para los mandos responsables de tamaña insensatez: quizás una buena idea para motivar a los guardias díscolos que prefieren asistir a sancionar sería colocar a la entrada de las respectivas agrupaciones de tráfico una foto del “empleado del mes”. Aquel guardia que hubiera superado el cupo previsto de multas gozaría del honor de ver, durante treinta días, su retrato colgado junto al del Rey y al lado de la bandera nacional.
Como en las mejores hamburgueserías o en los más afamados supermercados... pero mucho más solemne y patriótico.

Aunque me temo que, en realidad, hay muy poco de patriotismo en todo esto.
Por lo que respecta a la seguridad vial hace muuuuuchos años que tengo claro que para la Administración es un mero pretexto para forzar la máquina recaudatoria.
Con radares, con helicópteros... o con Guardias Civiles poniendo multas.
Si los españolitos nos pusiéramos de acuerdo -Oxímoron. Dejaríamos de ser españoles...- para no cometer ni una sola infracción de tráfico durante un año y no recibir ni una sola sanción les jorobaríamos de lo lindo los presupuestos.
Aún recuerdo al ínclito Pere Navarro reconociendo cínicamente que los radares se instalaban en los tramos más rentables y no en los más peligrosos... y haciéndose después el ofendido y el digno cuando en las ruedas de prensa le preguntábamos sobre ello.
En el caso que nos ocupa, sin embargo, algo hemos mejorado.
Al menos, ahora sabemos “oficialmente” lo que le importa nuestro bienestar a ese Estado que tan pomposamente presume de serlo “de Derecho”: exactamente ocho veces menos que nuestra cartera.

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