Una de carreritas

Una de carreritas

Hace ya años que varios amigos están corriendo carreras de motos clásicas. Josep Coronilla ("Coro") con sus Montesas Impala y su preciosa Crono 350 y Federico Van der Hoeven con su potentísisma AJR-Bultaco 350 , con la que ha conseguido el campeonato de España.

Yo ya había corrido unas cuantas carreras de clásicas con la Ducati 900 SS, pero lo caprichoso de las mecánicas de Bologna me había ido apagando la ilusión.

El mono de cuero llevaba colgado demasiado tiempo.

Este verano, en una de nuestras salidas domingueras por las más retorcidas carreteras de Cataluña, salió a relucir el tema de la poca fiabilidad de las Ducati y de sus posibles alternativas.

Jep Martinell, que había corrido velocidad y resistencia durante los setenta y ochenta me comentó que, aparte de las excelentes Suzuki GSX 750, una buena alternativa fue, y sigue siendo la Yamaha FZ 750.   La Yamaha pesa sus buenos 220 kilos, cuarenta más que la ultraligera Suzuki, pero con 107 cv. es bastante potente, tiene buenas suspensiones y, sobre todo, es muuuucho más fiable que mi amada-odiada Ducati.

Me puse a buscar en internet y tras algunas decepciones encontré en Valencia una muy interesante: Aunque era del 1986 le habían puesto la llanta delantera de 17 pulgadas, así como los frenos de cuatro pistones de la última versión.  Tenía 29.000 kilómetros y su propietario decía que estaba en buen estado. 

Al día siguiente, tras 350 kilómetros y habiendo hecho un poco más ricos a los señores de Acesa, estaba delante de la anciana Yamaha.

El propietario vivía en Londres, así que me la enseñó un pariente. La moto no tenía mal aspecto a pesar de llevar unos cuantos años parada: Restos de alguna pequeña caída, pastillas de freno pegadas al disco, pero, aparentemente, nada grave.   Le pagué, cargamos la moto y, volví a pasar por los chorrocientos "pillajes" de Acesa.

Ya en el taller empezaron las decepciones:

Los 29.000 no eran kilómetros, sino millas, oséase unos 50.000 kilómetros.  Era una paralela, como tantas en la época.

Le cambiamos aceite, refrigerante y liquido de frenos. Con una nueva batería, arrancó enseguida  pero, al cabo de un par de minutos empezó a salir humo blanco por el escape.  No era humo. Era vapor de agua.  Tenía rota la junta de culata. 

Enseguida descubrimos la causa: el radiador tenía una fuga, seguramente debida a una piedra, por la que había perdido el refrigerante. 

Mi gozo en un pozo.  Me había metido entre pecho y espalda 700 kilómetros para conseguir una moto fiable y, de entrada tenía que espatarrar el motor.

De reojo me pareció que, la Ducati, a pocos metros de allí, crujía de cruel satisfacción.

Calma, José Manuel, me dije.  Solo necesita un poco de cariño.

Con mucho cariño llevamos la culata a planear. Y con mucho cariño pagué 500 euros a la rectificadora.

Como su destino iban a ser las carreras, pusimos estriberas atrasadas y modificamos las geometrías para hacerla un poco más agil.

Gomas Continental Racing, unos cuantos dientes más en la corona y ya tenemos una moto de carreras (o algo parecido).

Hicimos unas cuantas tandas de regularidad en circuito para valorar el comportamiento y comprobar qué diferencia nos iban a sacar nuestros rivales en carrera.   La cosa no estaba tan mal.

Ya estábamos en Octubre y, mi primera carrera iba a ser la final del Campeonato de Catalunya de clásicas. Tambíen era la final del Campeonato de Castilla la Mancha, así como de otros campeonatos regionales de Aragón, Asturias, País Vasco, etc.

 

Nos juntamos en Calafat cerca de cincuenta motos clásicas, entre las que estaban los mejores de cada campeonato, dispuestos a darlo todo.

En entrenos, para sorpresa de muchos,  solo tres fueron más rápidos que yo.  Marqué 1,46. 

Los tres de delante eran inalcanzables: dos de ellos habían hecho 1,42, y el primero, un impresionante 1,37.

Después de entrenos fueron muchos los pilotos que se acercaron a ver quien era ese desconocido, con una moto "de desguace" que les había pasado la mano por la cara.

Llegó el momento de la carrera. No llevaba calentadores, por lo que no estaba seguro de poder abrir a fondo las primeras curvas.

Se apagó el semáforo y, en contra de lo previsto, pude mantener la posición.   A final de recta seguía cuarto.

Durante la primera vuelta abrí gas con cuidado y me mantuve por el interior para tapar huecos, pensando que, si el que me seguía llevaba las gomas calientes, podía pasarme en cualquier momento.

Al cabo de cinco vueltas, cuando más confíado estaba, la Suzuki nº 34 me pasó en el ángulo del mar.

Por fin, acabé la carrera en cuarta posición que, para mí es peor que quedar el 25, porque cuando  te has esforzado a tope, y has tenido el podio al alcance de la mano, es muy duro que se te escape

En cualquier caso, creo que hice una buena carrera, rodando en 1,44 constante, lo que es un excelente tiempo para un "carro de polos" como mi FZ.

Ahora viene el invierno, que aprovecharé para mejorar a FiZZie o.....buscar mejor alternativa

 

 

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