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  • ESTO NO ES UNA CRISIS

    Cuando hablamos de crisis solemos referirnos a un periodo en que se producen una serie de cambios, muchos de ellos dolorosos y que traen como consecuencia un replanteamiento de la escala de valores de los afectados.

    ¿Estamos, según esto, inmersos en una crisis?

    Pues, a estas alturas de la película, cuando ya llevamos treinta y ocho meses de tremenda bajada de facturación, mi conclusión es que esto no es una crisis. No señor, esto es una nueva situación. Una situación que ha venido para quedarse.

    Estamos tal como nos encontraríamos si no hubiera existido la absurda burbuja bancario-inmobiliaria que nos arrastró a casi todos por el torrente del consumismo. 

    Es como si una noche del año 93 o 94 nos hubíeramos ido a dormir y, después de una larga noche de sueños agradables y pesadillas, nos despertásemos y descubriésemos que todo era un sueño y que los españolitos seguimos sin estar a la altura de Italia y muchísimo menos de Francia, por más que se llenara la boca el irresponsable de ZP. Claro que, conviene que nos lavemos la cara con agua bien fría, para asegurarnos que estamos despiertos, por que sé de algún país que dejándose llevar por gobiernos de esta calaña, un buen día despertaron y se encontraron metidos hasta el cuello en el Tercer Mundo, con corralitos animándoles los titulares y batiendo los records de titulados en psicología y psiquiatría.  ¿Llegaremos hasta allí?

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  • Sobrevivir (o no) a la crisis

    Cuando se tienen unos cuantos años de experiencia (casi 30 en este caso), llegas a creerte que pocas sorpresas te vas a llevar.  Hace ahora un par de años la palabra crisis estaba ya en boca de todos. De todos menos de nuestro inefable gobierno, que usaba todo tipo de equilibrios semánticos para evitar mentar a la bicha.
    Los veteranos veíamos avecinarse otro invierno negro, como el del año 1992, pero, las previsiones quedaron mas que cortas. Cuando arrancamos del calendario la hoja de Septiembre de 2007 fue como si hubíeramos cerrado el negocio. La gente dejó de venir a nuestras tiendas. Las ventas de motos nuevas se desplomaron un 50%. La facturación de taller cayó en picado. ¡Madre mía!, ¿esto qué es?. Nadie lo sabía. Hacía ya seis meses que las ventas de pisos habían caído en picado, pero el resto de sectores no debían haber sido afectados. ¿Cual era entonces la causa?. Pues, probablemente miedo. Miedo a gastar en previsión de que lleguen tiempos peores. Y ocurrío lo que tenía que ocurrír: que el miedo a la crisis nos trajo la crisis. Pero no una como la del 1992. Sino algo muchísimo mas grave. Una crisis de consumo como no se ha vivido otra desde la segunda guerra mundial...
    Y..de eso hace ya dos años enteritos.  Cuando escribo estas lineas, noviembre 2009, llevamos 25 meses sin levantar cabeza. Hemos reducido gastos en todos los apartados imaginables, nuestras plantillas son ahora la mitad de lo que eran. Tenemos menos locales, ajustamos las compras al milímetro... Pero, ni por esas... La realidad, tozuda, nos recuerda cada mañana que la crisis sigue aquí. Que la gente gasta poco y, desde luego nada en motos.
    Ahora, por si fuera poco, se nos echa encima otro invierno, y van tres.  ¿Cuantas empresas del sector van a poder aguantar?
    Dicen que es en momentos difíciles cuando la mente humana da sus mejores frutos.  Ahora es el momento de pensar en nuestros negocios. En qué clase de negocio tenemos. En cual es el margen que nos deja una venta. ¿Es lógico cerrar la venta de un ciclomotor para ganar 60-80 euros como muchas veces está ocurriendo?. Preguntádselo a vuestro asesor ecónomico. Ya vereis, se morirá de la risa.
    Os recomiendo que leais los resultados de nuestros proveedores: Honda, Suzuki, Kawasaki, Piaggio, etc.   Son públicos y los podeis encontrar en internet. A pesar de los chanchullos para declarar el menor beneficio posible, se inflan a ganar dinero mientras los concesionarios, por un lado, y el propio personal de las fábricas, por otro, escasamente sobreviven con márgenes y sueldos misérrimos.
    Señores, esto ha de acabar algún día.  Nadie va a venir a ofrecernos mejores condiciones. Tenemos que ser nosotros quienes lo exijamos. No olvidemos que somos imprescindibles. Que las fábricas podrán incluso vender las motos por internet, pero sin el concesionario, sin el taller, esa moto no podrá circular.
    Hagamos valer esa fuerza, Exijamos márgenes razonables, que en otros sectores van mas allá del 30%. ¿Porqué nosotros tenemos que trabajar con un mísero 6 -7%?.
    Pensad, amigos, pensad.

  • El ciclomotor (o como morir de éxito)

    El ciclomotor, tal como hoy lo conocemos tiene muy poco que ver con el vehículo del que proviene. En la posguerra, en una Europa arruinada,  con escasez de materias primas y combustible, no hubo mas remedio que arrinconar los automóviles y volver a la bicicleta como medio de transporte urbano y rural. Algunos empresarios emprendedores, aprovechando la maquinaria rescatada de fabricas bombardeadas iniciaron la construcción de pequeños motores que podían ser acoplados en el bastidor de las bicicletas, con lo que se aumentaba el radio de acción y se disminuía el esfuerzo en las subidas.
    El éxito fue enorme. Al cabo de pocos años ya se vendían bicicletas con motor (ciclo-motores), los motores evolucionaron con sistemas que permitían que el motor no se parase al detener la marcha (embrague centrífugo) y que cambiaba de marcha automáticamente en función de la orografía del terreno (variador). Primero la mobylette de Motobecane y luego la Vespino de Piaggio o la Variant de Derbi llenaron las ciudades y pueblos de la Europa meridional.  El éxito continuó durante décadas. Las limitaciones establecidas por reglamento se relajaron,con lo que el peso de los (ya mal llamados) ciclomotores superó con mucho los 100 kilos. Los pedales pasaron a ser una molesta herencia del pasado.  Se permitió llevar pasajero y, haciendo encaje de bolillos, se fabricaron automóviles diesel que podían conducirse con licencia de ciclomotor. La velocidad, limitada por reglamento a 45 kms/hora, parecía ahora ridícula para el nuevo aspecto y tamaño de estos nuevos vehículos, así que todo el mundo los "trucaba". Tanto fue así que las propias fábricas se sacaron de la manga la "limitación de potencia", eufemismo que significaba que el ciclomotor salía de la cadena de montaje con una serie de burdos tapones para limitar el flujo de admision y escape y así mantener la potencia dentro de lo permitido. Tan burdos eran que, en muchos casos, si no se retiraban la bujía se engrasaba y la moto se paraba irremisiblemente.  Consecuencia de todo ello: el 95% de los ciclomotores circulaba sin limitador, con velocidades, a veces, superiores a 100 kms/hora.
    El tema se iba de las manos y, a finales de los años 90 llegó el primer toque de atención: Las compañías de seguros, en vista de la siniestralidad aumentan los seguros obligatorios un 500%. Las ventas caen en picado. No pasó mucho tiempo sin que la administración se diera cuenta de que aquello ya no era la bicicleta con motor que le había dado nombre, y decidió aumentar los impuestos que gravaban a estos vehículos: nueva caida de ventas.
    El resto ya es conocido: las matriculaciones bajando año tras año mientras la administración intenta que vuelva a lo que fue, una herramienta ligera de transporte urbano y rural. 

    José Manuel de los Rios

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